martes, 28 de abril de 2009

Iglesia de San Facundo y San Primitivo de Silió(CANTABRIA)


San Facundo y San Primitivo de Silió, del siglo XII; es una de las edificaciones románicas más importantes del valle de Iguña y fue declarada Bien de Interés Cultural en 1970


Tiene planta de una sola nave y, aunque ha sufrido algunas modificaciones, conserva su puerta primitiva del lienzo meridional de estructura románica, anticipada del muro. Lo más interesante y mejor conservado de su exterior es el ábside, dividido en tres tramos por finas columnas que enmarcan tres ventanas. Presenta una hilera de canecillos en el alero de gran belleza y calidad escultórica. Del interior sobresalen las nueve arcaduras ciegas, de medio punto, con guardapolvos de billetes, en el ábside y el presbiterio, apoyadas en interesantes capiteles iconográficos.

santuario de la Virgen del Camino (Molledo)CANTABRIA


El santuario de la Virgen del Camino (Molledo), construcción del sigo XVIII de una sola nave y bóveda de crucería de combados, que conserva en su interior interesantes retablos de la época.

El santuario es muy visitado y venerado por las gentes del valle. Fue reedificado en 1713.

Las Estelas de Barros(CANTABRIA)


En Barros pueden verse dos de las famosas estelas cántabras, hasta hace poco colocadas a ambos lados de la ermita de la Rueda, que está al borde mismo de la carretera y actualmente en el llamado "Parque de las Estelas", muy cerca de allí.

Se trata de piezas circulares con un espigón de base para su colocación vertical. Sus dimensio- nes son de 1’70 m. de diámetro y 0’32 m. de espesor.
En su día se trasladaron al Museo de Prehistoria de Santander, pero los vecinos de Barros las reclamaron y volvieron al pueblo. Están hechas de arenisca de fácil labra y llevan una franja exterior con formas asemejadas a rayos.

Su cronología viene establecida en los siglos anteriores a la romanización, en la Edad del Bronce y se supone que su decoración tiene bases célticas simbolizando una representación solar.
El hecho es que las estelas halladas en Barros no son únicas en Cantabria, se han encontrado más estelas similares en las localidades de Zurita ( Piélagos ) y Lombera, así como fragmentos de otras varias, siendo uno de los más importantes el de San Vicente de Toranzo.

Casa-Palacio de los Ceballos,Barros(cantabria)


Casa-Palacio de los Ceballos
La Casa Palacio que los Ceballos tenían en Barros es hoy propiedad de los señores Herrero y Martínez de Azcoitia. Se trata de un bello conjunto arquitectónico montañés con portalada entre cubos cilíndricos, casona típica y capilla. Fue restaurada hace algunos años por los actuales dueños que han conseguido dar a su interior un ambiente señorial y de época. Su cronología es de principios del siglo XVIII.
A pocos kilómetros al oeste, el pueblo de Coo mantiene aún otra bella casona de los Ceballos, con cuatro hermosos arcos de medio punto y preciosa solana resguardada por amplio tejaroz. También se trata de
una construcción del siglo XVIII. Cerca de Coo está la Ermita de Nuestra Señora de los Remedios, alguna que otra casa escudada y una modesta iglesia parroquial.

lunes, 13 de abril de 2009

ORBANEJA DEL CASTILLO(Burgos)


Esta localidad es una de las más bellas de la provincia burgalesa. Colgada en una serie de
terrazas de toba en la margen izquierda del angosto Cañón del Ebro, se combinan en ella la vista de
espectaculares parajes naturales y el sabor popular de sus construcciones. Por ello, su principal
orientación actual es la turística, contando con diferentes alojamientos y casas rurales donde poder
hospedarse para disfrutar de este magnífico lugar.


En Orbaneja del Castillo convivieron durante siglos mozárabes, cristianos y judíos. De la
presencia de estos últimos y su famosa aljama tan sólo queda el recuerdo en algunos nombres de
calles. Este lugar fue elegido por los Caballeros Templarios para levantar el Convento y Hospital de
San Albín, encargado de ofrecer albergue y protección a los peregrinos del Camino de Santiago. Se
trataba de una ruta alternativa al denominado camino francés, que pasaba por San Martín de Elines y
Santa María de Cervatos. Asimismo, los Reyes Católicos concedieron a esta distinguida aldea el
título de Villa, por lo que sus habitantes quedaron exentos del pago de impuestos.


El pueblo se recorre pronto, y durante el invierno viven en él muy pocas personas. En ningún
momento el visitante puede abstraerse del ruido que provoca la cascada que nace en el mismo centro
de la localidad, y que es protagonista indiscutible de la estructura urbana. Sus cristalinas aguas
brotan en la base de la Cueva del Agua, caverna que se abre en el cantil rocoso que preside el
pueblo, y que lo divide en dos partes: Villa y Puebla, condicionando por completo la vida de sus
gentes. Por esta cueva, que forma parte del interesante complejo kárstico de Orbaneja, tienen su
salida natural las aguas subterráneas provenientes de un enorme acuífero situado en el subsuelo del
páramo de Bricia. El caudal de esta surgencia, de carácter permanente a lo largo del año, aumenta
considerablemente en época de fuertes lluvias y deshielo, de tal manera que el recorrido de las aguas
saltando desde los distintos niveles de terraza de toba, formados y recrecidos gracias a ellas, es un
espectáculo único e indescriptible, sobre todo en primavera. En la actualidad, la cueva se visita con
un guía y se puede caminar un buen trecho dentro de la misma.


A pesar de que no lleva agua, se
puede escuchar cómo el ruido del agua cercana retumba en las paredes. Antiguamente este caudal
sirvió para mover las piedras de unos cinco molinos harineros distribuidos a la vera de la cueva, de
los que todavía hoy se conservan restos. Sus aguas se precipitan unos 20 metros hacia el Ebro
deshaciéndose en espuma sobre una poza de aguas cristalinas.


En este singular paraje se encuentra uno de los conjuntos de arquitectura popular mejor
conservados y con mayor encanto de toda Castilla y León. Las casas son de evidente traza
montañesa, como no podía ser de otro modo dada la proximidad geográfica de Cantabria. Las casas
no son de mucha altura, pero su aspecto exterior se estiliza con las elegantes solanas de madera que
se asoman a las viejas y estrechas calles del pueblo. Tan apiñadas están las casas, que parece que
los balcones estuvieran suspendidos en el aire. El pueblo, en permanente cuesta, se ha edificado
sobre unas cuantas terrazas estrechas de piedra toba. La abundancia de este material, singulariza la
propia arquitectura popular, al ser utilizado profusamente en la edificación. Mientras el primer cuerpo
de los edificios está construido en mampostería caliza, buscando un mejor aislamiento de la
humedad, los pisos superiores presentan un aspecto más uniforme y cuidado debido a la utilización
de la piedra toba, en forma de sillares. La porosidad y ligereza de esta piedra, junto a su facilidad
para ser trabajada, la convierten en un material muy apropiado tanto para la construcción de muros
como para el relleno de entramados de madera.



La estrechez del valle no deja lugar al terrazgo. Tan sólo algunas pequeñas huertas se sitúan
a la vera del Ebro. Tradicionalmente, los campos de cultivo se han localizado en un nivel superior al
pueblo. Concretamente en la paramera circundante, único espacio abierto y llano susceptible de ser
labrado a pesar de las limitaciones climáticas y edáficas. El lugar, conocido como las eras de
Orbaneja del Castillo, cuenta con una serie de chozas de piedra. Estas construcciones, de planta
circular o cuadrada, construidas en mampostería caliza y con falsas cubiertas abovedadas,
constituyen uno de los más interesantes conjuntos de arquitectura popular de la provincia burgalesa.
Servían de granero y lugar de abrigo en el que poder resguardarse, en caso de tormenta.


Dentro del núcleo, el espacio de mayor amplitud corresponde a la boca de la Cueva del Agua,
por lo que, desde sus orígenes, el manantial ha ocupado en Orbaneja un lugar central y protagonista.
Sobre un espigón rocoso, al pie de la fuente, se sitúa una casa fuerte que pudo pertenecer a los
marqueses de Aguilar. Otros edificios singulares son la Casa de los Canes y la Casa de los Pobres.
La primera recibe este nombre por haber reutilizado canecillos románicos en su decoración. La Casa
de los Pobres, antiguo hospital en el siglo XVI, cuenta con soportal de madera y un elegante
entramado de piedra toba. En cuanto a su organización interna, es uno de los ejemplos más
primitivos de la comarca. Consta de una planta baja con cuadras y la superior con un amplio espacio
de cocina sin campana, recocina y estancias de habitación. Desde la original plaza, compartimentada
por el cauce del manantial, se puede ascender por un empinado camino hasta alcanzar una cornisa
natural desde la que admirar el grandioso paisaje del cañón del Ebro. Frente al apiñado caserío, la
margen derecha del río aparece coronada por un descomunal conjunto de estructuras calcáreas
naturales que, desde la lejanía, asemejan ruinas. Es uno de los ejemplos más espectaculares de
modelado kárstico dentro del cañón. Efectivamente, el relieve ruiniforme resultante evoca formas
fantásticas, que asemejan ruinas, retazos de un castillo inexistente que el imaginario colectivo ha
perpetuado en el topónimo del pueblo.











Colegiata de Castañeda (Socobio)Cantabria


El origen del monasterio se remontaría al menos al siglo X, y sería fundado por monjes que trajeron alguna reliquia del Lignum Crucis, que determinó su advocación a la Santa Cruz, muy propicia en los siglos altomedievales.
Se suele asegurar su dependencia de la orden benedictina reformada de Cluny (Borgoña, Francia), por lo que sería el único de esta regla en Cantabria.
El auge del monasterio se produciría a lo largo del siglo XII, siendo a finales de este siglo cuando se transforma en Colegiata.


Se construye entonces el actual edificio que carece de claustro y de otras dependencias monasteriales – refrectorio, dormitorio, almacenes-
Los volúmenes se disponen tomando como base la planta de cruz latina, con tres ábsides que se abren hacia el crucero y una sola nave.
La cabecera presenta un ábside mayor y dos laterales de planta semicircular, y se cubren con bóveda de horno o cuarto de esfera. Los canecillos que sostienen los aleros muestran en robusta escultura un amplio repertorio de animales y monstruos, así como algunos motivos juglarescos.


El crucero posee en su tramo central un soberbio cimborrio de planta de octógeno irregular con cúpula sobre trompas.
La única nave de la primitiva edificación tiene tras tramos que se cubrirían con bóvedas de cañón, como la actual, tras una reforma, quizás a finales del siglo XVI.
En su fachada poniente destaca la portada principal, formada por ocho roscas de medio punto. La torre, prismática, de cuatro alturas, con vanos geminados en el piso superior y alero con canecillos, es la única de este tipo conservada en el románico cántabro.
El espacio del presbiterio se cubre con bóveda de horno y de medio cañón.Por la parte inferior de sus muros se extiende una bella armadura ciega, cuyos arcos de medid punto se encuentran “acostados” y embutidos en el muro.


Destacan los capiteles que sostienen los arcos, que muestran una iconografía de aves y leones afrontados y contrapuestos. El crucero corona su tramo central, delante del presbiterio, con una gran cúpula sobre trompas, que toma como modelo la de San Martín de Frómista (Palencia). Algunas de las ventanas de su tambor muestran arcos de herradura, recordando la tradición mozárabe, mientras que otros, de forma apuntada, preludian el gótico.
El retablo mayor hace referencia a escenas evangélicas como la entrada en Jerusalén y la Sagrada Familia.

Palacio de Peredo(Viveda)

Viveda es una localidad del municipio de Santillana del Mar (Cantabria, España). Está situada a 4 kilómetros de la capital municipal, Santillana del Mar. Se encuentra a 46 metros sobre el nivel del mar. En el año 2004 contaba con una población de 1.060 habitantes (INE), siendo la más poblada del municipio. En la Edad Media hubo aquí un monasterio, dedicado a San Salvador, creado mediante repoblación en el siglo VIII o IX.


De la arquitectura de esta localidad, destacan:
Palacio de Viveda (o de Peredo). Casona montañesa de los siglos XVII-XVIII, declarada Bien de Interés Cultural el 26 de febrero de 1982. Está situado en lo alto de una colina. La fachada sur es sillería. Tiene en su interior un patio cuadrado de dos alturas. En la portalada puede verse el blasón de Peredo y Velarde.